La Reconciliación: Sacramento de la misericordia de Dios.
El sacramento de
Para hacer una
buena confesión se necesita reunir cinco (5) condiciones:
Hacer un cuidadoso examen de conciencia
Tener dolor de los pecados cometidos
Tener el firme propósito de no cometerlos más
(contrición o atrición)
Decir los otros pecados al sacerdote (confesión) y
Cumplir la penitencia (satisfacción o remedio
saludable).
El examen de conciencia es la diligente búsqueda de
los pecados cometidos después de la última Confesión bien hecha. El dolor de
los pecados es el sincero pesar y la repulsa de los pecados cometidos. El dolor
es de dos tipos: dolor perfecto (o contrición) y dolor imperfecto (o atrición).
Se tiene el dolor perfecto o contrición cuando se
arrepiente de los propios pecados porque se ha ofendido ha Dios, infinitamente
bueno y digno de ser amado: cuando el dolor nace del amor desinteresado a Dios,
es decir, de la caridad.
Se tiene el dolor imperfecto o atrición cuando el
arrepentimiento, en cuanto inspirado por la fe, tiene motivaciones menos
nobles: por ejemplo, cuando nace de la consideración del desorden causado por
el pecado, o por el temor de la condenación eterna (Infierno) y de las tras
penas que el pecador puede recibir. El dolor perfecto unido al propósito de
confesarse obtiene inmediatamente el perdón; el dolor imperfecto lo obtiene,
por el contrario, sólo en la confesión sacramental.
Para la validez de la confesión es suficiente arrepentirse de todos los
pecados mortales, mas para el progreso espiritual es necesario arrepentirse
también de los pecados veniales. Un verdadero arrepentimiento requiere también
el propósito de abandonar el pecado. El arrepentimiento ciertamente mira hacia
el pasado, pero implica necesariamente un empeño hacia el futuro con la firme
voluntad de no cometer jamás el pecado.
¿Qué es la
confesión?
La confesión es la manifestación humilde y sincera de
los propios pecados al sacerdote confesor. Estamos obligados a confesar todos y
cada uno de los pecados graves, o mortales, cometidos después de la última
confesión bien hecha.
Las faltas objetivamente mortales más frecuentes son
(siguiendo el orden de los mandamientos): practicar de cualquier modo la magia;
blasfemar; perder
Si uno olvida un pecado mortal obtiene igualmente el
perdón, pero en la confesión siguiente debe confesar el pecado olvidado, pero
si uno, por vergüenza o por otros motivos, calla un pecado mortal, no sólo no
obtiene ningún perdón, sino que comete un nuevo pecado de sacrilegio, el de
profanación de una cosa sagrada. La confesión de los pecados veniales es muy
útil para el progreso de la vida cristiana.
El confesor debe dar siempre la absolución si el
penitente está bien dispuesto, es decir, si está sinceramente arrepentido de
todos sus pecados mortales. Si por el contrario, el penitente no está bien
dispuesto, no teniendo el dolor o el propósito de enmienda, entonces el
confesor no puede y no debe dar la absolución. El penitente después de la
absolución debe cumplir la penitencia que le ha sido impuesta y reparar los
daños que sus pecados hubiesen eventualmente causado al prójimo, por ejemplo,
debe restituir lo robado o la buena fama.
¿Cuáles son los
efectos del sacramento de
Son la reconciliación con Dios y con
El que tiene dificultades para confesarse debe
considerar que el sacramento de

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