LECTIO DIVINA: una experiencia de Encuentro con el Señor


Guía Practica para hacer una Lectio Divina

La Lectio Divina es una instancia para una experiencia espiritual, buscando rehacer y retomar la experiencia original del escritor sagrado actualizándola en la propia vida. El encuentro con el Señor por medio de su Palabra es algo vital, es algo renovador y transformador, es acción directa del Espíritu Santo por medio del texto escrito, pero es fundamental una respuesta a esa manifestación, que requiere una correspondencia, al amor preferencial del Señor que se revela por medio de su Palabra.

En la Lectio Divina se siguen seis pasos, que son momentos de oración y de búsqueda del Señor. Otros sugieren que son cuatro o hasta cinco pasos, pero me gusta tomar en cuenta dos que se suponen van implícitos en la disposición interior a la Lectio Divina.

  1. ESTAR EN LA PRESENCIA DE DIOS (STATIO): Es imprescindible una apertura y una docilidad a la acción del Señor en cada uno por medio de su Palabra. Siempre va a requerir una respuesta a la manifestación y a la acción de Dios en nuestra vida.

Para ello, es necesario Invocar al Espíritu Santo.

  1. LECTURA (LECTIO): “¿Qué dice el texto?” La lectura atenta y pausada de la Palabra escrita del Señor, es la base y el corazón de la Lectio Divina, buscando conocer y profundizar aquello que el Señor nos transmite.

El riesgo de la lectura es presuponer que ya se conoce el pasaje bíblico, que ya se lo ha escuchado, cayendo en la rutina, haciendo una lectura superficial, sin prestar atención a cada palabra que está escrita, que en sí es siempre nueva.

  1. MEDITACIÓN (MEDITATIO): “¿Qué nos dice el texto?: La meditación es adentrarse en el texto, es profundizarlo, no quedarse en la información recibida en la lectura, sino ir más allá, es buscar la riqueza que encierra, es descubrir el mensaje actual, vivo y comprometedor que el Señor nos transmite. La meditación es una experiencia de escuchar al Señor que se manifiesta y que se comunica.

El riesgo es querer manipular la Palabra, hacerla decir lo que uno quiere oír o lo que le interesa, tergiversando el sentido propio y original del texto.

  1. ORACIÓN (ORATIO): ¿Qué le digo al Señor sobre…? Cada quien, a partir del texto leído, meditado y contemplado le pide o le agradece al Señor por lo que crea más conveniente. Es actualizar esa Palabra en nuestra vida actual.

El riesgo es que se divague, que no se aplique la Palabra a la propia vida, a la familia o a la comunidad. Lo que se busca es que ese texto reflexionado diga algo a la realidad que estamos viviendo.

  1. CONTEMPLACIÓN (CONTEMPLATIO): ¿Qué me nace decirle al Señor? La contemplación es en sí misma la oración más profunda y personal, un coloquio. Es conocer vivencialmente al Señor no solo intelectualmente, sino adentrándose en el corazón de Dios, buscando conocer aquello que se conoce y se intuye a partir del texto.

El riesgo es mínimo, pues ahí no existe la manera de conocer si hubo o no encuentro, allí cada uno se relaciona con el Señor de acuerdo a su propio crecimiento espiritual y a la respuesta y docilidad a la gracia.

  1. ACCIÓN (ACTIO): ¿Qué va a cambiar…? La Palabra del Señor es una Buena Nueva que debe ser asumida y vivida. De ahí la necesidad de iluminar la propia vida con esa Palabra y ver de qué manera uno se está identificando y asumiendo ese estilo de vida. El actuar es un mirarse a uno mismo, es buscar las actitudes y la manera de vivir el mensaje que se ha encontrado y saber qué propuesta puedo asumir hoy, aquí y ahora.

El riesgo en el actuar es que las personas no apliquen el texto a su vida, sino que lo apliquen a la vida de los demás, dando recetas para todos, menos para sí mismas.

Estos pasos son medios y no un fin, de ahí que se los debe seguir como ayudas sin ser rígidos en su utilización. Decía san Agustín: «Tu oración es un coloquio con Dios. Cuando lees, Dios te habla; cuando oras, hablas tú a Dios».

El recordado Papa Benedicto XVI, en la Exhortación Apóstolica Postsinodal “Verbum Domini”, en el numeral 86, nos decía: “se ha de evitar el riesgo de un acercamiento individualista, teniendo presente que la Palabra de Dios se nos da precisamente para construir comunión, para unirnos en la Verdad en nuestro camino hacia Dios. Es una Palabra que se dirige personalmente a cada uno, pero también es una Palabra que construye comunidad, que construye la Iglesia. Por tanto, hemos de acercarnos al texto sagrado en la comunión eclesial. En efecto, «es muy importante la lectura comunitaria, porque el sujeto vivo de la Sagrada Escritura es el Pueblo de Dios, es la Iglesia... “


Para leer la Exhortación Apostólica Postsinodal “Verbum Domini” sigue el enlace: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20100930_verbum-domini.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Bautismo, puerta de la Vida y del Reino

Bula La Esperanza no defrauda