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Bula La Esperanza no defrauda

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Bula Spes non confundit, en español: la Esperanza no defrauda Rm.5,5, , el Papá Francisco, convoca al pueblo de Dios, a renovar la esperanza, proclamando el Jubileo de carácter ordinario según los periodos establecidos de 25 años, la cual iniciara el 24 de Diciembre 2024, finalizando el 6 Enero de 2026. Fue publicada el 9 de mayo de 2024, en las vísperas a la solemnidad de la Ascensión del Señor. Consta de 25 numerales llenos de aliento a vivir un año para llenarnos de la esperanza que no defrauda en Jesucristo.  Ella establece las fechas de apertura y cierre de las puertas santas de las cuatro basílicas papales de Roma, las celebraciones de inicio y clausura del Jubileo en las iglesias particulares. Invita a buscar los signos de esperanza: la paz, la apertura a la vida, los presos, los enfermos(#11), los jóvenes(#12), los migrantes(#13), los ancianos y los pobres (#14 y 15). En su numeral 16, invita a las naciones más ricas condonen las deudas de los países que nunca podrán sald...

El Sacramento del Orden Sacerdotal: don sagrado para la Iglesia

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Jesucristo, como el verdadero y supremo Sacerdote de la Nueva Ley, reconcilió a la humanidad con Dios mediante su sacrificio en la cruz. Sin embargo, quiso que algunos hombres participaran de esta dignidad sacerdotal para llevar los frutos de la Redención a todos. Los Apóstoles, inspirados por Dios, sabían que su encargo no terminaría con ellos, transmitieron el ministerio mediante el Sacramento del Orden, administrado por la imposición de manos y la oración. Así, comunicaron a otros hombres el poder de enseñar, santificar y regir, lo que habían recibido directamente del Señor. Para ser ordenados, se requiere estar bautizado y ser varón.  Los sacerdotes quedan constituidos como ministros sagrados pues son marcados con un carácter indeleble y destinados a apacentar el pueblo de Dios. Desempeñan, en la persona de Cristo Cabeza, la 'Triple Munere': el ejercicio de gobierno, la tarea del magisterio y la santificación de sí mismos y de los fieles Comprende tres grados: episcopado, p...
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  Entre los grandes frutos de la renovación conciliar la pastoral del sacramento de la Confirmación ocupa un lugar muy destacado. La celebración de este sacramento se ha convertido en uno de los momentos más importantes de la acción pastoral con las nuevas generaciones, que son el presente y el futuro de la Iglesia. La asistencia numerosa de adolescentes y jóvenes a las catequesis que los preparan, durante un tiempo prolongado, para la celebración de la Confirmación ha desbordado todas las expectativas. Su vinculación con el Bautismo y con la Eucaristía subraya la unidad de la iniciación sacramental que se ha de entender como un todo. No se puede comprender, pues, la Confirmación si no es dentro de esa unidad. En efecto, cuando recibe la Confirmación, el adulto la recibe juntamente con el Bautismo y la Comunión. Y puesto que Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, resulta que «los fieles están obligados a recibir este sacramento en el tiempo oportuno» (CIC, C. 890). ...

La Unción de los Enfermos: Sacramento del alivio y del consuelo.

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  La Unción de los enfermos, llamada también Óleo Santo, es el sacramento, administrado por el sacerdote, que confiere una gracia especial al cristiano aquejado de cualquier enfermedad grave o de la vejez. Es también conocido como el sacramento del alivio y del consuelo. Para recibir dignamente la Unción de los enfermos es necesario estar en estado de gracia, confiar en la virtud del sacramento y en la divina misericordia, y finalmente abandonarse a la voluntad de Dios.  Con la unción de los enfermos y la oración de los presbíteros, toda la Iglesia encomienda los enfermos al Señor paciente y glorificado, para que los alivie y los salve (Cf. St 5,14-16), e incluso les exhorta a que, asociándose voluntariamente a la pasión y muerte de Cristo (Cf. Rom 8,17; Col 1,24; 2 Tim 2,11-12, 1 Pe 4,13), contribuyan así al bien del Pueblo de Dios (LG 11). ¿Cuando se recibe?  Es sumamente recomendablemente recibir la Unción de los enfermos cuando se está todavía en la plena posesión...

La Reconciliación: Sacramento de la misericordia de Dios.

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  El sacramento de la Penitencia , o Reconciliación, o Confesión, es el sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo para borrar los pecados cometidos después del Bautismo. Es, por consiguiente, el sacramento de nuestra curación espiritual, llamado también sacramento de la conversión, porque realiza sacramentalmente nuestro retorno a los brazos del padre después de que nos hemos alejado con el pecado. Para hacer una buena confesión se necesita reunir cinco (5) condiciones: Hacer un cuidadoso examen de conciencia Tener dolor de los pecados cometidos Tener el firme propósito de no cometerlos más (contrición o atrición) Decir los otros pecados al sacerdote (confesión) y Cumplir la penitencia (satisfacción o remedio saludable). El examen de conciencia es la diligente búsqueda de los pecados cometidos después de la última Confesión bien hecha. El dolor de los pecados es el sincero pesar y la repulsa de los pecados cometidos. El dolor es de dos tipos: dolor perfecto ...

La Eucaristía: Sacramento de nuestra fe.

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Ante el misterio del pan de vida el sacerdote tiene que renovar su adoración, el cristiano confesar que es un misterio que trasciende su inteligencia. La Eucaristía nos pone de rodillas, confunde nuestro orgullo y nos abre a la humildad y al gozo de la fe en la palabra y en el poder de Cristo. Solo así se convierte para nosotros en misterio de luz y de vida. La Eucaristía es, como recuerda el Vaticano II, el bien supremo de la Iglesia , Cristo Pan verdadero que con su carne vivificada y vivificante, por medio del Espíritu Santo, da la vida a los hombres. Las palabras de la Institución de la Eucaristía : Tomad, esto es mi cuerpo , ofrece a los discípulos algo para comer, no una idea para comprender. Y ese algo es su cuerpo, su persona misma, la que va a ser entregada; y entran en comunión con la misma persona de Cristo. Esta es mi sangre de la Alianza , derramada por todos , que mientras los discípulos se pasan el cáliz, la copa de la pascua, y beben, saborean el misterio del vino - ...

El Bautismo, puerta de la Vida y del Reino

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El Bautismo, puerta de la Vida y del Reino, es el primer sacramento de la nueva ley, que Cristo propuso a todos para que tuvieran la vida eterna y que después confió a su Iglesia juntamente con su Evangelio, cuando mandó a los apóstoles: “Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). Muchos son los nombres que recibe el Bautismo: baño de regeneración, iluminación, gracia, sello de incorruptibilidad, renovación del Espíritu Santo… pero todos estos nombres nos refieren a una misma realidad: la incorporación del hombre en la vida de Cristo y de su Iglesia. En tal sentido el sacramento del Bautismo es también una consagración del cristiano a Dios que actúa de una manera dinámica en el hombre. En el Bautismo el hombre se hace hijo de Dios a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, por eso, los signos sacramentales del Bautismo nos recuerdan, por la inmersión (ablusión) en el agua bautismal, la muerte...